Mi querido amigo Daniel Mora gran enamorado de la cultura japonesa. Explorador de sensaciones y navegante de dulce poesía, nos envía un pequeño relato de un inesperado encuentro que caló hondo en su espíritu. Todo cobra sentido mientras vives el aquí, el ahora, este momento,y por supuesto a sabiendas de que el momento no espera, disfrutó de el como queda plasmado en estas palabras.

 

En este precioso instante: 

Fue cerca de Okayama, en una mañana soleada al inicio de la primavera; era la época de la floración del ciruelo y salí solo con mi cámara a dar una vuelta por el pueblo, ávido de belleza. Sin rumbo fijo me dirigí hacia un pequeño templo sintoista situado a unos veinte minutos andando desde el estadio de béisbol y fue allí, sin esperarlo, donde por primera vez me encontré, al traspasar el pórtico sagrado, con este hermoso shiba-inu que me robó para siempre el corazón. No sé si era propiedad de los amables monjes del templo o si, tan imponente como alguno de los dragones sagrados de piedra que guardaban el lugar, era ya una parte inherente del templo al que los monjes pertenecían. Para mí se convirtió en un perro sagrado del que todavía hoy soy devoto.

Daniel Mora

Yokoso Valencia.

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